miércoles, 9 de octubre de 2013

Amazona


Respiramos palabras
Mujer a caballo - Fernando Botero
          El caballo trotaba entre las piedras del camino circundante al río. María, orgullosa amazona sobre el corcel, viajaba en sueños de horizontes justos, ignorando al enclenque de su primo Ricardo, que iba a su lado con pies cansados y miedo en el alma; desde que cayó de un potro le temía a las bestias como al Diablo. El sol ardía en las cabezas de los dos jóvenes que paseaban desprevenidos por el valle pincelado con tonos del arcoíris; el ensordecedor golpeteo del agua sobre las piedras imponía el poder de la naturaleza sobre la soledad del lugar.
          Tenían que llegar a tiempo al siguiente caserío, para comenzar la clase que ella le dictaba a un grupo de adultos analfabetos. Sus estudiantes habían guardado las esperanzas en el baúl de las desilusiones; reunir algunas monedas con el trabajo del campo y que les alcanzara para comer a diario, era lo único que los mantenía de pie frente a la vida.
          Después de mucho andar, a Ricardo el cuerpo le pedía tregua. Se sentó a un lado del río para liberarse del yugo abrasador de las botas y quedar sumido en el placer del agua fría, que en apurada carrera, masajeaba sus dedos acalorados, mientras María, transpiraba gotas de placer al  cabalgar con destreza de jinete alrededor de él.
           A lo lejos, proveniente del caserío al que ellos se dirigían, venía un hombre de mediana edad, montado sobre un caballo. Nunca lo habían visto por esos lares. Su gruesa contextura y elevada talla, sobresalían entre la extensa llanura del paisaje. Cuando se acercó a María, disminuyó la marcha, no habló; con las pupilas dilatadas la miró con detenimiento,  sin reservas, detalló cada una de las partes de su cuerpo y  pasando la lengua por los labios, fijó los ojos en sus pezones turgentes. Ella, cual liebre acorralada por un puma, se alejó de él. Buscó a Ricardo y le pidió que se marcharan. Él calzó sus zapatos y caminó con paso ligero al lado de su prima. El hombre permaneció un rato quieto, observándolos, y luego, sin pronunciar palabra,  reinició el trote y se alejó hasta desdibujarse a través del confín de la llanada.  María, a quien la intuición le indicaba que debía mantenerse alerta, cada tanto volteaba la cabeza para mirar hacia el camino y asegurarse de que no fuesen seguidos. Gruesas gotas de sudor  bajaban por sus caras y cuerpos; cansados, se detuvieron a beber agua. Habían avanzado un largo trecho y se sentían a salvo, cuando, de forma inesperada, escucharon a los lejos, tras sus espaldas, un relinche. Giraron sus cabezas y vieron un corcel que corría hasta casi desbocarse y sobre él, al hombre. María con la voz entrecortada le pidió a Ricardo que se montara con ella en el caballo. Él se negaba, su coraje yacía junto al potro que lo tumbó. Ella enfurecida exclamó:
          - ¡Por favor, Ricardo, sube ya!, ese hombre viene tras nosotros.

          Con el alma desvanecida en las piernas, se montó y abrazó a su prima. Con arrojo, ella sujetó las riendas del animal y lo echó a andar, con tal fuerza que galoparon sin detenerse hasta confundirse con el polvo de la senda y desaparecer.
Umbral - Revista Literaria - Año 1 Nº1 
Respiramos palabras


sábado, 7 de septiembre de 2013

Dios y El Diablo

Respiramos palabras


Caída del Hombre, pecado original y expulsión del Paraíso - Miguel Ángel
I

Al ingresar en el patio de la propiedad, los dos ladrones se enojaron al ver que era imposible colarse hacia el interior; las rejas de hierro de las ventanas  y las puertas de entrada estaban blindadas con alarmas de seguridad;  inútil era la hazaña de tratar de violentarlas sin hacer ruido.  Sus miradas se cruzaron como titanes en duelo.  Habían tenido fuertes discusiones sobre la escasa posibilidad de que  existieran controles. No había vuelta atrás; no podían marcharse con las manos vacías.
La oscuridad de la noche sin luna los obligaba a alumbrarse con pequeñas linternas de cabeza. Vestían pantalones y abrigos negros y llevaban la cara cubierta con pasamontañas para no ser reconocidos.  El silencio se convirtió en un delator de sus movimientos. Cada vez que pisaban una hoja seca, el crujido rompía la tranquilidad al retumbar entre los árboles. La brisa paseaba el eco de las carcajadas de unos hombres apostados en la plaza.
En la terraza, bajo la penumbra de una tenue luz, juguetes rotos, regados por el suelo, corroboraban que había sido en vano planificar el robo de ese lugar. Botellas vacías y un saco de mangos que emanaba un delicioso aroma a fruta fresca llenaban la despensa situada en una de las esquinas.
- En este sitio solo hay basura. Lo único que nos puede servir es ese saco de mangos, lo podemos vender en el mercado – murmuró enojado uno de los ladrones.
- Vamos al cementerio que está a tres cuadras de acá y allí los repartimos. Es un sitio seguro; nadie se atreve a entrar en la noche.  – respondió el otro ladrón.
Se escabulleron entre la oscura noche solapados por los ropajes negros. Cuando llegaron al cementerio, que estaba detrás de la iglesia ubicada frente a la plaza,  treparon un árbol que los llevó hasta el techo de un mausoleo.  Dos mangos cayeron en la acera; acordaron en recogerlos al salir. Se instalaron en una tumba cercana a un farol que los iluminaba desde la calle. El ajetreo los tenía acalorados y uno de ellos se quitó el abrigo; debajo tenía una camisa de algodón blanco.  El resplandor del farol era difuso, apenas si podían ver las sombras de sus cuerpos. Encendieron las luces rojas de las linternas de cabeza para alumbrarse y a repartir los mangos.
- Uno para ti y otro para mí; uno para ti y otro para mí – repetía sin cesar uno de los ladrones.

II

Sentados en los bancos de la plaza, un grupo de hombres reunidos,  contaban historias sobre espantos mientras bebían ron.                                                                                                              
- En las noches sin luna, como la de hoy, el mismísimo Demonio pasea por el cementerio  vestido todo de negro, de pies a cabeza, dicen que es porque anda buscando ánimas para llevárselas al infierno – relataba con voz grave uno de los hombres.
Reían a carcajadas para simular el miedo que se había apoderado de ellos. Negaban la veracidad de las historias burlándose de ellas. La sangre que corría por sus venas estaba colmada de alcohol.  Era medianoche y las calles permanecían solitarias. 
- Compadre, tengo que irme a mi casa. Mi mujer me espera y si no llego temprano va a pelear – balbuceó uno de los hombres.
- A mí me parece que usted no se va porque su mujer lo espera, usted se va porque tiene pavor de que le salga el diablo. – respondió el otro con ironía.
- No diga tonterías, compadre, yo no le temo al diablo. Ese bicho no existe.
Se despidió de sus otros amigos; al caminar tropezaba con las aceras y los árboles de la plaza. La noción que tenía de la realidad era ambigua, la embriaguez no le permitía pensar con claridad, sin embargo, sabía que para llegar a su casa tenía que recorrer la fachada del cementerio y darle la vuelta hasta la manzana siguiente.  Estaba atemorizado, pero se llenó de coraje para poder continuar su camino. Al pasar frente al camposanto escuchó la voz de un hombre que decía:
- Uno para ti, otro para mí; uno para ti, otro para mí.
Se quedó paralizado del miedo, no sabía qué hacer. Por fin reaccionó, y al asomarse por una pequeña rendija de la pared, vio que sobre una tumba estaban sentados dos hombres, uno de ellos vestido de blanco y el otro de negro, en sus rostros no había facciones, solo una masa negra que botaba fuego por la frente. Asustado corrió hacia la plaza.
- ¡Compadre!, ¡Compadre! – dijo con voz entrecortada.
- ¿Qué le pasa mi amigo? Parece que acaba de ver al diablo.
- ¡Así es, compadre! ¡En el cementerio están Dios y El Diablo repartiéndose los muertos!
- ¿Cómo es eso?
- Bueno, como le digo. Los acabo de ver. Venga conmigo para que lo compruebe con sus ojos.
El compadre, se burlaba de lo que decía el amigo, sin embargo, lo acompañó. Trataban de ir con paso apurado, pero la ebriedad no se los permitía. Llegaron al cementerio y el sonido de una voz los atrajo. Al acercarse a la pared escucharon:
- Uno para ti, otro para mí.
Los rostros de los hombres palidecieron.  Se abrazaron recostándose en la pared para no caer al piso. En ese instante la voz exclamó:
- Falta repartirnos los dos que están afuera.
Los compadres se miraron aterrorizados ante lo que acaban de escuchar  y con la voz quebrada uno le dijo al otro:

- ¡Huyamos, compa, que esos somos nosotros!



Respiramos palabras

miércoles, 10 de julio de 2013

La niña de los fósforos - Hans Cristian Andersen


Respiramos palabras
Hans Cristian Andersen(imagen tomada de internet)

Esta entrada se la quiero dedicar a mis hijos, a quienes en su infancia les leí en reiteradas ocasiones La niña de los cerillos o La niña de los fósforos, uno de los cuentos más hermosos y emotivos del escritor y poeta danés,  Hans Cristian Andersen (Odense, Dinamarca, 2 de abril de 1805 - Copenhague, Dinamarca, 4 de agosto de 1875). Comparto con ustedes el cuento en texto y un cortometraje producido por Disney.


Respiramos palabras
La niña de los fósforos(imagen tomada de internet)

La niña de los fósforos

Hans Cristian Andersen

¡Qué frío hacía! Nevaba y empezaba a oscurecer; era la última noche del año, la noche de San Silvestre. Bajo aquel frío y en aquella oscuridad, pasaba por la calle una pobre niña, descalza y con la cabeza descubierta. Verdad es que al salir de su casa llevaba zapatillas, pero, ¡de qué le sirvieron! Eran unas zapatillas que su madre había llevado últimamente, y a la pequeña le venían tan grandes que las perdió al cruzar corriendo la calle para librarse de dos coches que venían a toda velocidad. Una de las zapatillas no hubo medio de encontrarla, y la otra se la había puesto un mozalbete, que dijo que le haría servir de cuna el día que tuviese hijos.

Respiramos palabras
La niña de los fósforos(imagen tomada de internet)

Y así la pobrecilla andaba descalza con los desnudos piececitos completamente amoratados por el frío. En un viejo delantal llevaba un puñado de fósforos, y un paquete en una mano. En todo el santo día nadie le había comprado nada, ni le había dado un mísero centavo; volvíase a su casa hambrienta y medio helada, ¡y parecía tan abatida, la pobrecilla!  Los copos de nieve caían sobre su largo cabello rubio, cuyos hermosos rizos le cubrían el cuello; pero no estaba ella para presumir.
En un ángulo que formaban dos casas - una más saliente que la otra -, se sentó en el suelo y se acurrucó hecha un ovillo. Encogía los piececitos todo lo posible, pero el frío la iba invadiendo, y, por otra parte, no se atrevía a volver a casa, pues no había vendido ni un fósforo, ni recogido un triste céntimo. Su padre le pegaría, además de que en casa hacía frío también; sólo los cobijaba el tejado, y el viento entraba por todas partes, pese a la paja y los trapos con que habían procurado tapar las rendijas. Tenía las manitas casi ateridas de frío. ¡Ay, un fósforo la aliviaría seguramente! ¡Si se atreviese a sacar uno solo del manojo, frotarlo contra la pared y calentarse los dedos! Y sacó uno: <<¡ritch!>>. ¡Cómo chispeó y cómo quemaba!  Dio una llama clara, cálida, como una lucecita, cuando la resguardó con la mano; una luz maravillosa. Le pareció a la pequeñuela que estaba sentada junto a una gran estufa de hierro, con pies y campana de latón; el fuego ardía magníficamente en su interior, ¡y calentaba tan bien!  La niña alargó los pies para calentárselos a su vez, pero se extinguió la llama, se esfumó la estufa, y ella se quedo sentada, con el resto de la consumida cerilla en la mano.


La niña de los fósforos(imagen tomada de internet)
Encendió otra, que, al arder y proyectar su luz sobre la pared, volvió a estar transparente como si fuese de gasa, y la niña pudo ver el interior de una habitación donde estaba la mesa puesta, cubierta con un blanquísimo mantel y fina porcelana. Un pato asado humeaba deliciosamente, relleno de ciruelas y manzanas. Y lo mejor del caso fue que el pato saltó fuera de la fuente, y anadeando por el suelo con un tenedor y un cuchillo a la espalda, se dirigió hacia la pobre muchachita. Pero en aquel momento se apagó el fósforo, dejando visible tan solo la gruesa y fría pared.

Respiramos palabras
La niña de los fósforos(imagen tomada de internet)
Encendió la niña una tercera cerilla,  y se encontró sentada debajo de un hermosísimo árbol de Navidad. Era aún más alto y más bonito que el que viera la última Nochebuena, a través de la puerta de cristales, en casa del rico comerciante.  Millares de velitas ardían en las ramas verdes, y de estas colgaban pintadas estampas, semejantes a las que adornaban los escaparates. La pequeña levantó los dos bracitos...y entonces se apagó el fósforo. Todas las lucecitas se remontaron a lo alto, y ella se dio cuenta de que eran las rutilantes estrellas del cielo; una de ellas se desprendió y trazó en el firmamento una larga estela de fuego.

La niña de los fósforos(imagen tomada de internet)

<< Alguien se está muriendo>> pensó la niña, pues su abuela, la única persona que la había querido, pero que estaba muerta ya, le había dicho:

- Cuando una estrella cae, un alma se eleva a Dios.

Frotó una nueva cerilla contra la pared; se iluminó el espacio inmediato, y apareció la anciana abuelita, radiante, dulce y cariñosa.

- ¡Abuelita!- exclamó la pequeña-. ¡Llévame contigo!  Se que te irás también cuando se apague el fósforo, del mismo modo que se fueron la estufa, el asado y el árbol de Navidad.

Se apresuró a encender los fósforos que le quedaban, afanosa de no perder a su abuela; y los fósforos brillaron con luz más clara que la del pleno día. Nunca la abuelita había sido tan alta y tan hermosa; tomó a la niña en el brazo y, envuelta las dos en un gran resplandor, henchidas de gozo, emprendieron el vuelo hacia las alturas, sin que la pequeña sintiera ya frío, hambre ni miedo. Estaban en la Mansión de Dios Nuestro Señor.


Respiramos palabras
La niña de los fósforos(imagen tomada de internet)
Pero en el ángulo de la casa, la fría madrugada descubrió a la chiquilla, rojas las mejillas y la boca sonriente...Muerta, muerta de frío en la última noche del Año Viejo. La primera mañana del Nuevo Año iluminó el pequeño cadáver sentado con sus fósforos: un paquetito que parecía consumido casi del todo. <<Quiso calentarse>>, dijo la gente. Pero nadie supo las maravillas que había visto, ni el esplendor con que, en compañía de su anciana abuelita, había subido a la Gloria del Año Nuevo.

Fin

A continuación el cortometraje producido por Disney, La niña de los fósforos. 



lunes, 1 de julio de 2013

Voces del corazón

Respiramos palabras
Salvador Dalí(1904-1989) Muchacha en la ventana

          Le dio un beso a su madre y se sentó junto a ella en el viejo sofá, al lado de la ventana. Oscurecía afuera. El pequeño salón estaba alumbrado por una lámpara de pie, ubicada en una de las esquinas. La luz tenue propiciaba la intimidad de la conversación.
          - Carlos, el martes es tu aniversario de bodas. ¿Cuánto tiempo tienen de casados?
          - Vamos a cumplir tres años de suplicio matrimonial.
          - Qué cosas dices, siempre has sido un bromista, desde que eras niño. ¿Eres feliz con Sonia?
          - Sí mamá, estamos enamorados.
          - Veo tristeza en tus ojos.
          - Es tu imaginación o quizás el que no estés usando los anteojos.
          - Desde que la vi he querido a tu mujer como a una hija. Siento conocerla de toda una vida y                  esa relación entre ustedes es curiosa. Por favor, cuida de tu esposa, su salud es delicada.
          - Lo sé. Tiene cuatro años de operada y los doctores dicen que tiene un cuadro clínico estable.
          - Es bueno escuchar este informe médico. 
          - Ah no, otra vez estás llorando, te pido que no  lo hagas, trata de calmarte.
          - Disculpa, me vienen recuerdos de Lorena, mi pequeña murió tan joven . Por cierto,¿has                     averiguado lo que te pedí?
          - Esta mañana me dieron la información, por eso he venido a verte.
          - ¿Qué sucede? Has palidecido y estás temblando.
          -  No sé como decirlo.
          - Necesito que me lo digas ya. ¿A quién se le donó el corazón de mi hija?
          - La receptora del corazón de Lorena es alguien a quien conocemos.
          Carlos se levantó y anduvo hacia la ventana, callado por algunos segundos miró hacia el jardín. 
          - No vaciles más. Por favor, habla.
          Regresó al sofá y se sentó. Tenía lágrimas en los ojos.
         - El corazón de mi hermana le fue trasplantado a mi mujer, a mi esposa, a Sonia.

respiramos palabras

viernes, 14 de junio de 2013

El mal o buen trato a los adultos mayores

respiramos palabras
Adulto mayor

Según la Organización Panamericana de la Salud una persona es considerada "mayor" cuando alcanza la edad de 60-65 años, independientemente de su historia clínica y situación particular(1). Puede ser que mantenga un estado de salud optimo, de igual manera ya se considera mayor, por lo tanto las atenciones y el trato especial por parte de las personas más jóvenes debe de estar presente. Ahora si estas personas muestran signos de deterioro, ya sean derivados por una enfermedad  o por su condición de mayores, las atenciones deben ser especiales.

En los medios de transporte público existen asientos destinados especialmente para los discapacitados, embarazadas, con niños en brazos y personas mayores. Observo con estupor como personas jóvenes, que no presentan ningún tipo de enfermedad o impedimento aparente, toman estos sitios y no lo ceden a las personas para quienes han sido reservados. Se hacen las dormidas, se concentran en mirar las pantallas de sus teléfonos móviles o se distraen escuchando música con los audífonos. Veo con tristeza a muchos adultos mayores tratando de sostenerse para no caer o con sus rostros cansados por mantenerse mucho tiempo de pie.
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Letreros en medios de transporte público

Estos letreros o similares los vemos también en las cajas de pago de los mercados, farmacias y otros comercios, y por supuesto en las entidades bancarias e instituciones públicas y del estado. Siempre buscando darle prioridad a este grupo de personas. Sin embargo, observo como a los adultos mayores se les deja de último en la fila.

Para el mayor caminar por calles y aceras representa una molestia y un esfuerzo, dado el mal estado de las mismas y el poco respeto por parte de los conductores y peatones, no cediéndoles el paso o incitándolos a que  se apresuren, sin tomar en cuenta que por su avanzada edad son lentos.

Puedo seguir nombrando muchas situaciones más en las cuales el adulto mayor no es respetado y hasta en ocasiones es vejado, pero considero que seria una lista de nunca acabar. Lo importante es pensar que estas personas nos necesitan y que debemos ayudarlas, así como ellos nos ayudaron a nosotros antes de ser lo que hoy día son, ancianos. Así que dejo el siguiente mensaje:
"RESPETEMOS Y TRATEMOS CON AMOR A LOS ADULTOS MAYORES, QUE ELLOS SE LO MERECEN".
(1)http://www1.paho.org/spanish/hdp/hdw/genderageingsp.PDF
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martes, 11 de junio de 2013

Emperatriz

respiramos palabras
Daguerrotipo anciana

La noche estaba oscura y se divisaba una espesa nubosidad en el cielo que sugería a un monstruo hambriento que ansiaba la ingesta de todo ser viviente que se encontrara deambulando por Santa Ana y sus alrededores. Para jamás devolverlo. El frío mantenía guarnecidos en sus hogares a los pueblerinos. El llanto de un niño retumbaba entre el silencio, siendo acompañado en algunos momentos por el aullido de un perro hambriento. La luz amarilla de los faroles callejeros apenas alumbraba entre la densa niebla, dejando ver ratas y cucarachas por los muros y techos de las casas. Un tufo a kerosén arropaba el ambiente sombrío de este pequeño pueblo anclado en la montaña andina. 

Luisa recién se había mudado a ese antiguo caserón del siglo XIX.  Desde que llegó al lugar, le invadió la pesadumbre. Llovía en las tardes, trayéndole nostalgias y las noches la llenaban de temores. La gente decía que en esas casonas habitaban fantasmas. Ella no creía en esas cosas de aparecidos y tampoco sentía curiosidad. Aún no conocía a sus vecinos, tenía que presentarse. Todo el vecindario era de casas viejas, como la de ella, que fueron siendo remodeladas en su interior a través del tiempo.

Estaba cansada, la mudanza había sido fastidiosa, todavía tenía que desembalar cajas y no contaba con la ayuda de su marido, porque se encontraba en viaje de negocios por la capital. Los niños por fin dormían. Se sentía resfriada, le dolía el cuerpo y la cabeza.  Decidió que lo mejor era tomar té verde con zumo de limón, esa bebida la relajaba y le calentaba el cuerpo, necesitaba estar sana, tenía tareas pendientes en el hogar, que le exigían energía y buena actitud. Se dispuso a prepararlo, cuando notó que no tenía limones en la cocina, debía de ir al patio a tomarlos de la mata.

El patio era amplio y desde adentro de la casa se prendía la lámpara que alumbraba hacia los árboles, ella la encendió. El limonero estaba al final, colindaba con el muro de la casa vecina. Lo pensó dos veces antes de ir, eran treinta metros de distancia desde la cocina hasta allí. Hacía mucho frío, pero no le gustaba el té sin limón y necesitaba sentir ese gusto en su paladar. Se abrigó y salió a buscar su anhelada fruta. Cuando iba por la mitad del camino se apagó la luz, quedando en penumbras, no distinguía los árboles y arbustos, al avanzar, la luz emanada de los otros solares la guió. Sintió un leve viento frío en la espalda y la presencia de alguien o algo. Un fuerte olor a naftalina invadió el lugar. Caminó rápido hasta el árbol. Temblando tomó varios limones. Sentía que de la casa aledaña la observaban, levantó el rostro y vio a una anciana con su blanca cabellera recogida en un moño. Su tez era pálida y resaltaba en contraste con el traje negro de mangas largas y cuello alto. Tenía la mirada opaca y no se movían sus pestañas; permanecía inerte.  Luisa la saludó y no recibió respuesta. Se asustó y un  escalofrío invadió su cuerpo al notar que la mujer no gesticulaba. Corrió hasta la cocina y al llegar, cerró la puerta y le pasó la llave. Se asomó por la ventana para tratar de verla; ya no estaba. No  preparó el té, sus manos no permanecían quietas, sentía nauseas y mareos. Se fue a dormir, o a tratar de dormir; no pudo, pasó la noche despierta, la imagen de la anciana no se apartaba de su pensamiento.

Al siguiente día en la mañana, después de llevar a sus hijos al colegio, al llegar a la casa, fue hacia la propiedad vecina. Tocó el timbre y esperó ansiosa que le abrieran. Salió una mujer de mediana edad y de aspecto agradable. Luisa le dijo quién era. La mujer la invitó a pasar y tomar una taza de café.  Al entrar, volvió a su cuerpo esa extraña sensación de temor. El clima de la casa no era diferente al de la calle. El piso era de adoquines desgastados y la pintura de las paredes estaba resquebrajada por el tiempo. La naftalina estaba impregnada en el aire. Esperó en el salón, mientras la dueña de casa preparaba la bebida.  Las paredes estaban tapizadas de cuadros viejos  y daguerrotipos.  Los miraba, cuando llegó su vecina con el café.

- ¿Vive su mamá con usted? Le pregunto porque ayer tarde en la noche vi a una anciana en el patio. Le hablé y no me contestó - dijo Luisa.

- Mi mamá vive conmigo. Pero no creo que haya sido ella la mujer que usted me nombra - contestó la vecina.

- ¿Por qué? no entiendo

- Porque mi mamá es paralitica y no se levanta de la cama desde hace cinco años. Dígame, ¿cómo era esa anciana? ¿me la puede describir?

Luisa miró hacia la pared y señaló uno de los daguerrotipos.

 - Ella, es la mujer que aparece en esa fotografía.

- Esa era mi abuela Emperatriz, se ahorcó hace veinte años - exclamó la vecina.

miércoles, 5 de junio de 2013

Champion


respiramos palabras

Cómo olvidar al viejo Luis. Imposible. Esa cara mugrosa llena de pelos. Y el aliento, ah, cada vez que hablaba tenia que alejarme, parecía que cagaba por la boca. No era malo, sólo que la vida lo jodió; a los ocho años ya estaba en la calle, como yo, que me tuve que ir de la casa porque el papá de mi hermanito Pedro me pegaba, cada vez que se emborrachaba me daba duro, y que porque le molestaba mi presencia. Mi mamá se ponía brava conmigo y también me daba con una correa, no aguanté más y no volví. Estudié hasta segundo grado, aprendí a leer y escribir y también contar. Ya tengo diez años, creo, la verdad, no lo sé. Me llaman "Champión" porque corro duro y rápido, le gano a todos, nadie me agarra. Robo carteras y siempre logro escapar. Soy el mejor. Por eso pude huir de la muerte. Hasta hace poco vivíamos debajo del puente, a orillas del Guaire, por Bello Monte, Jorge, Beto,  José, el viejo Luis y yo. Ahí construimos un ranchito con los cartones y las latas que lanza la gente al río. Cuando llovía no nos mojábamos, la autopista era nuestro techo. De vez en cuando llegaba la policía para sacarnos, nos quemaban los colchones, pero nosotros volvíamos en la noche con colchones que encontrábamos por la calle y a dormir. El viejo era el jefe, él nos decía qué hacer, nos mandaba a pedir plata en el Metro y en Sabana Grande, y por supuesto, a robar, si no obedecíamos nos caía a coñazos.
Un día, cuando estábamos pidiendo plata en una fuente de soda en Chacaito, dos tipos grandes y papeados nos comenzaron a hablar y a preguntar dónde y con quién vivíamos. Uno era negro, con una flor tatuada en el brazo derecho. El otro, era moreno clarito como mi mamá; tenia las manos grandotas y usaba una anillo de oro con una piedra verde. Ese día andábamos juntos Beto, Jorge y yo. Ellos eran mas pequeños, creo que tenían ocho o nueve años. No soltamos palabras. Luis nos tenía prohibido hablar con extraños, porque podían ser policías. Nos dieron burda ´e billete, mil bolos, estábamos contentos. Le dimos todo el dinero a Luis, se puso feliz y se bebió una botella de ron. Al otro día estaba enratonao y arrecho, le dolía la cabeza y nos botó del rancho. Nos fuimos los cuatro juntos a pedir plata para comer, teníamos hambre. Entramos a la panadería del Portu de la esquina para pedir cachitos y jugo de naranja, cuando vimos a los dos hombres papeados. Se acercaron a nosotros y nos dijeron que nos brindaban el desayuno; dijimos que sí. José los miró con desconfianza. Él era de mi tamaño, quizás un poco mas grande, pero no mucho. Nos volvieron a dar billete, esta vez fueron quinientos bolos para cada uno. Cuando se fueron, José me dijo que le parecieron "raros", que seguro eran maricones. Los vimos los siguientes días, nos siguieron dando plata y brindando comida. Eran "burda ´e panas", y a los "panas" se les cuenta todo; les dijimos donde vivíamos y con quién.
Una noche sin luna, mientras dormíamos, nos asaltaron un grupo de seis o siete hombres armados con pistolas y cuchillos, llevaban la cara tapada con medias negras. Nos cayeron a patadas. Apuñalaron a Luis hasta matarlo y a nosotros cuatro nos amarraron las manos.  Reconocí la voz de quién los mandaba, era la del tipo papeado con el anillo de oro y piedra verde. Mis amigos lloraban y rogaban para que no los mataran. Nos hicieron caminar hasta un camión blanco con cabina trasera, que se encontraba parado en la esquina próxima. Voltee y vi que los hombres se habían descuidado, comencé a correr, me siguieron, pero como no podían hacer escándalo, no me dispararon ni gritaron. Logre huir. Llegué a Petare, al otro lado de la ciudad.
Había pasado una semana y no sabia nada de mis amigos. Anduve esos días por el mercado de Petare, pidiendo plata y robando a las viejas que se descuidaban. Iba caminando frente a un quiosco de periódicos y me llamó la atención la foto grande de colores del Diario Noticias, aparecían los dos tipos papeados señalando el cuerpo de un niño muerto que estaba  tirado en el suelo y tapado con una sábana, lo reconocí por  el pantalón y los zapatos que vestía, era  José. La noticia decía: "Hallan cadáver de menor a orillas del río Guaire. El Cuerpo de Investigación Policial y Criminal sospecha que el móvil del asesinato pudo haber sido el tráfico de órganos humanos, dada las condiciones en las cuales el cuerpo fue encontrado".
respiramos palabras
Aclaratoria: Esta es una historia ficticia, resultado de un trabajo realizado en un Taller Literario al cual asisto.



sábado, 25 de mayo de 2013

Buenos Aires de noche

Buenos Aires, ciudad hermosa, bañada de contrastes y secretos. Tu aire cosmopolita pasea por aceras, calles y avenidas. El vaivén nocturno atrapa con luces de neón a los adictos a tu vorágine. Sumerges a los amantes en pasos de tangos y de milongas. ¿Cómo no enamorarse de ti? 




respiramos palabras
Aroma romántico de flores

respiramos palabras
Secretos se pasean en la urbe

respiramos palabras

viernes, 24 de mayo de 2013

Sale el sol, Sale la luna

respiramos palabras
Diego y yo, Frida Kahlo
Espero sentada en vilo,
desierta alma mía.
Invoco la razón
para comprender
calmar esta desazón.

El reloj no se detiene,
sale el sol, sale la luna
silencio y ausencia.
Busco.
No encuentro.

Ojos secos
tristeza viva,
camino abstraída
respiración lejana 
pensamiento perenne.
respiramos palabras

martes, 21 de mayo de 2013

Busqueda

respiramos palabras
Fotografía Victor Riobueno
Busco sin obtener respuestas en este deambular de vida
inquietante alma mía
alertada razón.

Escudriño literatura creada por eruditos
encuentro hojas vacías
letras sin corazón.

Mi espíritu reclama al decir que tiene sed
de palabras bondadosas
de actos de buena fe.

Quiero desdibujar argumentos de violencia
poder desterrar el odio
 humanidad sin compasión.

Existencia misteriosa pido con timidez
concédeme el favor
revela tu verdad. 
Respiramos palabras

lunes, 13 de mayo de 2013

Camino Andado


Respiramos palabras


He ido andando caminos que han marcado mi mirada
de dolor incomprendido
de alegría natural.

Me he sentido zaherida por azotes del destino
que ha levantado su  fusta
para golpear sin piedad.

Es un dolor pasajero que no deja cicatrices
tan sólo recuerdos tristes
que contemplo con desdén.

Momentos de regocijo son los que más me cortejan
deambulando entre entusiasmo
como amante enamorado.

Pena y gozo he trazado en mi mundo reservado
con colores luminosos
y  puntos de escarcha gris.
respiramos palabras



viernes, 10 de mayo de 2013

Mañana de Otoño

respiramos palabras

Hermosa mañana de otoño 
el sol calienta mi rostro
 y extasía los sentidos.
Hojas de arboles viejos
cubren calles y plazas 
de esta ciudad confundida
donde amores comienzan 
amores terminan.
Melancolía traes con tus ramas desnudas
y silencios compartidos. 
Respiramos palabras




miércoles, 8 de mayo de 2013

Mi otra voz

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Hoy quiero escapar de mi comedia
para adentrarme en la nostalgia
que guardan mis pensamientos
 atender mi otra voz
recordar quién soy
entender la razón de mi personaje.
respiramos palabras


viernes, 3 de mayo de 2013

Tiempo

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Relojes Blandos, Salvador Dalí
Quisiera avanzar sin tu opresora compañía
que me arrastra apurada
dejando surcos en la piel
y cansancio en el alma.

Detengo las manijas del reloj
con la esperanza de atajar tu ímpetu
que corre como río enfurecido
desembocando en la muerte.

Mis pies atados a tu voluntad inflexible
no permiten que me detenga
a contemplar las ofrendas 
que me son dadas por la vida.

Eres tiempo, vida y muerte
tu esclava nací y así moriré.
Creces en la agonía
de querer detenerte.
respiramos palabras

viernes, 26 de abril de 2013

La Felicidad y sus Pequeños Detalles

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Arepa Venezolana

Actualmente vivimos en Buenos Aires, Argentina, y hoy recibimos unos productos alimentarios de mi país, Venezuela.  El obtener uno de estos  alimentos, la harina de maíz refinada, que es la base para preparar nuestro plato mas popular, "La Arepa", hizo que nos sintiéramos felices.  Para nosotros eso significa tener un pedazo de nuestras costumbres y de nuestra hermosa tierra con nosotros. Traigo este comentario a colación, porque es  fácil tener momentos de felicidad en la vida. Cosas tan sencillas como comer uno de nuestros platos favoritos, nos emociona y hace festejar con alegría y armonía. Así es la vida, con pequeños detalle nos sentimos dichosos. A veces nos complicamos por tonterías- es parte de la rutina diaria- y nos ponemos de mal humor. Cuando eso sucede, lo mejor es tratar de alejarlo pensando en positivo y escuchando buena música, porque la música siempre nos trae sensaciones agradables y nos relaja. La vida es una sola y debemos tratar de vivirla con amor, dando y recibiendo. Ella esta llena de colores, de música, de risas, también de momentos tristes, pero esos son los menos. Esos momentos malos debemos superarlos de manera asertiva, entendiendo que son experiencias que nos permiten crecer  como seres humanos. Está en nosotros transformar lo negativo en positivo. Pensemos en esto: Los mejores momentos de la vida los encontramos en  pequeños detalles llenos de amor"
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jueves, 25 de abril de 2013

Oculta en su Caparazón


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Camina  por la plaza con su perra y observa a las personas que andan por ahí; piensa que su mundo es tan reducido como una caja de fósforos, donde la tristeza se instaló y descansa con comodidad, como si estuviese en una butaca de salón. Siente que nadie la mira y  que es un fantasma entre la muchedumbre, pero eso le gusta, no quiere ser descubierta. Ve a una pareja que está sentada en un banco, besándose, y dibuja con líneas borrosas, la posibilidad de conocer entre esta multitud a algún hombre que la quiera acompañar en su  transitar hacia la vejez. Desecha esta idea, siempre lo hace, no cree que el amor esté interesado en alejarla de la soledad. Con resignada amargura continúa su paseo y mira como los perros juegan en la grama, mientras sus dueños hablan entre sí. Se detiene y  le suelta la correa a su mascota, que se va corriendo para unirse con las demás, mientras ella se queda parada en la senda y mira hacia el otro lado de la plaza. Ve venir a un hombre con su perro, que se instala cerca de ella y espera, mientras su animal juguetea con los otros. Lo mira de reojo, es un hombre que no pasa desapercibido, no puede evitar posar sus ojos en él, lo hace con discreción. De pronto, él se acerca y le habla, ella se sorprende, agachando los hombros- quiere convertirse en tortuga para ocultarse en su caparazón-, le responde, con tono casi imperceptible. Él se acerca más hacia ella  y le hace comentarios jocosos en torno a sus acompañantes caninos- como él los define-. Bromas que la hacen reír, cosa poco frecuente en ella.  La conversación se torna amena y las carcajadas resuenan entre los árboles. Se siente cómoda con el desconocido, eso la sorprende un poco, pero le agrada, comienza a pensar que quizá valga la pena esconder bajo la cama su aislamiento y darse una nueva oportunidad. La plática fluye, hasta que, de manera inesperada, de entre las sendas aparece una mujer que con actitud alegre y confiada se acerca saludando con un beso en los labios al desconocido. Este le responde con cariño y la abraza. Así permanecen, mientras observan a su mascota que se acerca moviendo la cola y saltando sobre las piernas de la mujer. Él las presenta. Ella no responde y comienza a mover su cabeza sin saber a dónde dirigir su mirada, no quiere darle la cara, es incómodo para ella, no sabe cómo actuar, tiene una sonrisa en el rostro que parece la de un payaso con ganas de llorar. Quiere ser tragada por la tierra, desaparecer y volver a su soledad, esa soledad que la mantiene segura de todo lo que pueda golpearla. Está paralizada y así se queda un rato, mientras ellos tienen un dialogo intimo. El desconocido le habla para despedirse, mirándola desconcertado, no entiende su actitud. Toma la mano de su mujer y en animada charla se van caminando hasta alejarse. Respirando el aire de la desdicha, los ve irse; regresa a su caja de fósforos.
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lunes, 22 de abril de 2013

El Espíritu

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Pájaro Carpintero 
Embriagado de felicidad, va volando, riendo, bailando.
Destellos de nostalgia se asoman con temor,
huyen ante su brillo fulgurante.
La vida le pertenece y la modela a su antojo.
Pisando fuertemente deja su estela de coraje.
Nada lo detiene.
Nada lo doblega.
Nada lo quebranta.
Indomable saborea la victoria de la libertad.
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sábado, 20 de abril de 2013

Sin embargo


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Él no la quiere,
sin embargo
desviando la mirada
le hace creer que la ama.
Ella no lo quiere,
sin embargo
desviando la mirada
le hace creer que lo ama.
La mentira los salva de la soledad,
sin embargo
les destruye la posibilidad 
de vivir el amor.
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viernes, 5 de abril de 2013

Tormenta


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Llegas trayendo agua, vientos y tristezas. Arrasas sin piedad las tierras del esperanzado, tumbando con tu fuerza árboles, techos y construcciones que se humillan a tu paso.

respiramos palabras

No cesas de llorar, desahogando tu dolor sobre la faz de una región maltratada por tu constante flagelo; que te pide a gritos que no la maltrates; que la ames, que la quieras con suavidad: que riegues sus pastos para reverdecer, no para convertirlos en pantanos.

rsepiramos palabras

Robas vidas, sueños e ilusiones. Lágrimas y dolor vas sembrando, sin importarte lo vivido y trabajado por el hombre asolado. Con voz atronada retumbas los cielos, asustando niños y ancianos; intuyen tu rabia, tu ira, tu necesidad de desahogo.

respiramos palabras

Has desahogado tu furia, tu venganza ha sido plasmada; necesitas descansar, dormir. Te retiras a paso lento, hasta desaparecer, a esconderte entre las nubes, viajando a otros lares. Te despides; le cedes tu puesto al sol.
respiramos palabras